En un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), científicos de la Universidad de Birmingham han demostrado que un pequeño grupo de células del embrión vegetal funciona de forma similar al cerebro humano.
Tal hallazgo puede parecer contradictorio con la percepción convencional predominante de las plantas, ya que a menudo se las considera del mismo modo que a los objetos inanimados o, en el mejor de los casos, como seres vivos con una capacidad de procesamiento de la información extremadamente limitada. Por supuesto, este sentimiento predominante es muy erróneo, ya que a pesar de nuestras percepciones tradicionales sobre las plantas, están tan vivas como los animales y comparten muchas de sus capacidades y características.
Esta idea ha llevado a algunos científicos pioneros y visionarios a investigar el campo prácticamente prohibido de la cognición vegetal. Investigadores como la Dra. Monica Gagliano han documentado ampliamente las capacidades cognitivas y sensoriales de las plantas mediante experimentos sistemáticos y rigurosos.
En el último estudio de la Universidad de Birmingham, los investigadores demuestran que la variabilidad de la temperatura es integrada por un grupo interconectado de células en las semillas en germinación que funciona como un centro de toma de decisiones, similar a la función del cerebro en las especies animales. Esto permite a las semillas latentes determinar el momento óptimo para germinar en función de la información ambiental.
El estudio debería ayudar a reinformar la percepción convencional de las plantas, así como a avanzar en la eficiencia y productividad agrícolas.
Tanto las plantas como los animales toman decisiones en respuesta al entorno para maximizar su aptitud. Las plantas utilizan la latencia de las semillas para moverse en el tiempo y el espacio, y el momento de la transición a la germinación está influido por señales externas, como la temperatura. En este trabajo se describe la presencia de un centro de toma de decisiones en la punta de la raíz de las semillas latentes y se demuestra que comparte una configuración similar a la de algunos sistemas del cerebro humano. A diferencia de los seres humanos, donde esta estructura espacial se utiliza para filtrar las entradas ruidosas del entorno, las semillas utilizan esta disposición para aprovechar las fluctuaciones de temperatura y estimular el fin de la latencia. Por tanto, las entradas variables actúan como una señal instructiva para las semillas, mejorando la precisión con la que las plantas se establecen en los ecosistemas.
Alexander Topham et alia, 2017.
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